Sé que está no es la temática habitual del blog, pero hoy os quiero hablar de un artista al que a parte de admiración le tengo muchísimo cariño: Andrés Suárez. ¿Y por qué? Porque el pasado 16 de abril cumplió 30 años y vio nacer su nuevo disco: Moraima.
Quizás muchas de vosotras os preguntéis quién es él. Andrés es un cantautor gallego con acento de sal que un día se marchó a Madrid a probar suerte, y la ha encontrado. Andrés escribe canciones que son delicias literarias y luego las canta con la voz más impresionante que he escuchado nunca. Habla sobre sexo y ron, sobre paisajes y lugares que huelen a salitre, sobre el desamor, aunque luego te diga, entre canciones, "enamórate, coño, que es muy bonito". Andrés tiene la humildad de aquel que no se cree un grande (aunque lo es, y mucho) y después de un concierto te saluda, te abraza como dándote las gracias; te da un par de besos como pidiéndote perdón porque seguramente alguna de sus canciones te habrá dejado sin aliento, te habrá tocado el corazón. Él no olvida que "tiene dos hermanos, tres amigos, nada suelto", y por eso sigue anclado a suelo.
Yo lo conocí hace 4 o 5 años, cuando un amigo de Ferrol me pasó una de sus canciones. Sentí vértigo. Lo vi por primera vez un domingo de hace 4 años en una sala cercana a Mestalla. Volví a sentir vértigo aderezado con pasión. Fue la primera vez que escuché Piedras y charcos sin saber que poco después yo le susurarría a alguien aquello de "Somos el Norte y el Este al Sur de piedras y charcos". Aquel día había apenas 30 personas en la sala y tenía la misma fuerza que ahora, cuando se planta frente a cientos. Me hizo soñar con una Galicia que conocería poco después. Lloré el día en que descubrí que Baleo era una playa (enamorada) y juré que quería vivir junto al mar, en Vilarube, cerca de su Pantín.
Él ha conseguido ser parte de nuestra vida, poner la banda sonora a muchos de mis (nuestros) momentos claves. Lloré con 21 de mayo cuando mi padre se fue a brillar al cielo; sonó Luna de Santiago en la estación de tren de A Coruña el día en que mi vida se quedó para siempre en Galicia. La misma estación donde nos lo encontramos el verano pasado y bajó del coche a saludarnos sin saber que formaba parte de una secreta celebración privada del amor.
Andrés Suárez es, ante todo, un gran artista y merece la pena que escuchéis alguna de sus canciones, que vayáis a verlo a un concierto. Seguro que en el primer acorde, caéis rendidos a su talento y no podéis más que declararos fans vitalíceos de su música.
Yo os dejo con una de mis canciones favoritas:
Algún día publicaré una novela llamada Más de un 36 y las primeras líneas le darán las gracias por la inspiración.

